Un alumno, dos egresados y una profesora comentan los detalles del suceso delictivo que el jueves colocó a su escuela pública en la sección de policiales de la prensa tucumana. El grupo teme que ese hecho robustezca la posición de los que proponen combatir el supuesto clima de inseguridad del establecimiento instalando cámaras de vigilancia. No parece un momento oportuno para preguntar sobre los buenos modales. O sí.
"Las reglas de urbanidad vigentes en una institución dependen de los que tienen el poder y la autoridad. Si ellos no son educados, si no escuchan, ¿cómo pueden exigir una actitud distinta? Ciertos modales se aprenden en la casa, pero las instituciones deben reforzarlos", postula un ex alumno.  La jungla crece sobre los escombros de la convivencia. La docente matiza: "el miércoles, sin ir más lejos, un alumno de séptimo le dijo a una maestra: 'te voy a hacer c... si me quitás la pelota'. Nos hemos acostumbrado a la agresividad  latente  y a la triste ley del maltrato". La observancia o inobservancia de las pautas de trato social (también conocidas como modales y reglas de urbanidad) pone en evidencia la efectividad o inefectividad de los mecanismos educativos de la familia, la escuela y el medio. "Son modos de comportamiento, que, junto a los valores, configuran el capital cultural adquirido a lo largo de la vida por medio de la interacción en esos tres ámbitos", define la pedagoga Alba López. Todo lo que está en la cultura se puede enseñar y aprender. "Pero no se trata de imponer la norma propia, sino de establecer convenciones generales, como sucedió en el contexto de los derechos humanos. La sociedad debe asumir esa noble tarea", opina López, que ejerció la docencia universitaria durante 35 años. La pedagoga es optimista sobre lo que el ámbito escolar puede conseguir en materia de modales, siempre que el conjunto de los actores viva el asunto como una opción esencial.
"Los grandes nos olvidamos de que debemos dar el ejemplo", coincide Patricia Tauber, directora de Educación Inicial de la Provincia. Asombrada, menciona que el deterioro es tan profundo que la gente se sorprende cuando es tratada amablemente.
La buena educación habilita para dialogar sin recurrir a la violencia. "Sé que es posible establecer un contrato de convivencia en el aula", asegura la profesora de la escuela pública ultrajada. A modo de "mea culpa", agrega: "los adultos no sabemos ponernos de acuerdo. Las transgresiones a las reglas mínimas pueden revertirse si nos detenemos un momento a reflexionar y establecemos metas diarias. Es urgente, por ejemplo, cambiar el desdén que existe respecto de la limpieza de nuestra ciudad". Sus discípulos asienten y un segundo después, el timbre pone punto final a la conversación.